El huelebraguetas, el pagafantas y el comebabas, siendo tres condiciones masculinas bien diferenciadas, tanto como el bueno, el feo y el malo, al revés que éstos, aquellas tres condiciones pueden concurrir en la misma persona, y de hecho concurren en muchas ocasiones.
Huelebraguetas: dícese del hombre que encuentra sus víctimas amatorias más propicias entre las hembras que andan que si sí, que si no, con sus parejas. Suelen estar prestos a arrimar el hombro consolador, sobre el que ellas derramarán las amargas lágrimas causadas por la insatisfacción que les produce su pareja/compañero/marido. Son todo comprensión y todo oídos. Son capaces incluso de, yendo contra sus propios intereses de forma aparente, aconsejar a la pobre mujer que se arregle con su pareja; así saben que quedarán de putamadre. A nada que la mujer sea un poco bocas y a medida que aumenta la confianza, el huelebraguetas acaba por saber hasta pormenores de la vida sexual de ella, de ahí su nombre: huelebraguetas.
Pagafantas: Quizás de los tres términos sea el de más reciente cuño. Dícese del hombre que con tal de estar cerca de la mujer que anhela, con tal de conseguir su amistad, es capaz de invitarle a lo que haga falta. Efectivamente el sustantivo pagafantas en muchas ocasiones no hace honor al esfuerzo realizado por el sujeto en cuestión, que se deja una pasta gansa en agasajar a su pretendida, todo depende del morro de la agasajada y de sus intenciones últimas con respecto al pringao de turno. Se puede pensar que en la medida que aumenta el valor del regalo, aumenta también el nivel de compromiso, sin embargo, tira más un pelo-coño que la soga de un marinero y más de uno llegará a la ruina para al final darse cuenta que no ha sido nada más que un entretenimiento para ella, un pringao en toda regla.
Comebabas: Comebabas somos todos. En un mercado tan volátil, como el actual mercado del folleteo, divorcio va, divorcio viene, y tanto cambio de pareja, es difícil escapar a la condición de comebabas. Sólo están libres de esta denominación los hombres que se llevan al huerto a una virgen, costumbre harto arraigada antaño, pero que el tiempo y la cultura sexual han venido a demostrar que es un engorro. Es mucho mejor que lleguen ya enseñadas, o al menos que conozcan las artes básicas a ejecutar en una relación sexual.
Decía al principio que las tres condiciones, huelebraguetas, pagafantas y comebabas, pueden concurrir en una sola persona. El que empieza de huelebraguetas, continúa de pagafantas y si se le da bien el asunto, es decir, si consigue lo que quiere, aunque no deje de ser un pringao, acabará de comebabas. Debo añadir que para la existencia de esos tres caracteres tan comunes en la sociedad, es necesario, cuando no imprescindible que la mujer obedezca al patrón de mujer denominado niñatademierda, especie que prolifera por doquier, dada la patológica inmadurez de la que está afectada la sociedad actual.





Sin embargo este hombre, teniendo todo lo que quiere, y más, porque los cuernos no los quiere, pero los admite como mal menor que sirve para justificar su propia infidelidad, este hombre, digo, siente auténtica admiración por uno de sus más antiguos amigos y quizás el más raro de todos ellos.

Apena sin darnos cuenta edificamos nuestra existencia cimentándola sobre la amistad y, normalmente, en caso de necesidad, de quien primero se tira es de los amigos.